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Cortina tintada

Hacía tiempo que quería mejorar este rincón. Mi marido lo usa de "almacén", y esa acumulación de cosas en un rincón de casa se reproduce en mi cerebro.
Dice una de las normas del Feng-Shui para distribuir la casa, que psicológicamente no es bueno acumular objetos innecesarios.
No sé vosotros, pero yo me siento liberada cuando consigo tirar cosas que hacía AÑOS que no se usaban. Me siento más ligera, mejor...
después de darle muchas vueltas, mi marido dijo: Ya que sabes coser, ¿porqué no haces una cortina?-
Idea: una cortina con un tinte o adorno que combine con la entrada. ¿porqué obsesionarme con lo de siempre, puertas u otras soluciones caras y tradicionales? ¡Hay que romper con los convencionalismos, y atrevernos con cosas nuevas¡
Y aquí está: un retal de algodón, un sobre de tinte azul, un poco de costura, otro poco de tiempo y ...tachán¡
Me inspiré en esta idea de Kireei.

Frases para no olvidar

Leo en el periódico Levante de 25 de abril de 2013 en la entrevista a Javier Urra, psicólogo, con motivo de la publicación de su libro "Respuestas prácticas para padres agobiados":

"El mundo que dejaremos a nuestros hijos dependerá de los hijos que dejemos a nuestro mundo"

Cojin de patchwork

¿Os acordáis de la manta de patchwork? pues me sobraron unos retales, y como mi mente no para un minuto, en cuanto vi este cojín en la revista Burda, se me ocurrió que tenía que hacerlo.
Así que, preparé un patrón acomodándolo a los restos que tenía (los "gajos" no podían medir más de 47 cm de largo, ya que era la media de los restos de tela), y dividí el círculo en 30 piezas, más hubiese complicado mucho el trabajo ya que la parte estrecha del "gajo" hubiese sido muy fina, y al tratarse de telas de tapicería (no de algodón) hubiese sido muy complicado coserlas, además el ancho era de 6,7 cm, que haría que se vieran bien.
La parte de debajo la hice en dos trozos que se superponen, ya que hacerlo en una única pieza hubiese supuesto tener que coser la trasera y delantera a mano, y con tela de tapicería esto es muy duro. Después le di puntadas en cinco sitios para que no se abriera.
Y por último el botón: mi marido cortó un trozo de tablero fino y le hizo dos agujeros. Yo los forré con guata y la misma tela que debajo, habiendo pasado previamente un hilo bien gordo por los agujeros, a modo de botón, para pasarlos de parte a parte por el relleno y presionar en el centro.
¿A que queda bonito?
Cojín patchwork

Cojín patchwork
Cojín patchwork

Amigote - de Lotta Jansdotter

Fue un flechazo.
Cuando lo vi en su libro, me encanto. Pensé para mí: este muñeco lo tengo que hacer yo. ¡Lástima que mis hijos ya me han pillado mayores¡ pero por suerte, mi sobrina Ilana salió al rescate, ofreciéndome la excusa perfecta.
Y aquí está. Utilicé una tela de franela porque a) es muy suavecita, y b) me vino de perlas para rellenar el muñeco, ya que el cuerpo lo había preparado previamente y sólo tuve que introducirlo dentro de la "funda" (el muñeco con las piernas y brazos ya cosidos). La franela es un poco elástica, y resultó sencillo el "embutido"..
Las instrucciones, en el libro "Coser para los niños es fácil", de Lotta Jansdotter. Disponible en la biblioteca de Gandia

Sant Jordi

¡Feliz San Jordi¡ o ¡Feliz Día del Libro¡
Siempre me ha parecido importante inculcar el hábito de la lectura a mis hijos. Nunca me había preguntado porqué, aunque interiormente sabía que había una razón. Hace poco la encontré leyendo el libro "La magia de leer", de JA Marina y M de la Válgoma (imprescindible), donde explica (p.51 y 57):


"Para enseñar a leer hemos de enseñar  a comprender...
Los procesos básicos y la automatización son cruciales para la comprensión lectora. Si un niño es capaz de identificar la escritura mecánicamente, tiene más recursos para dedicar a la comprensión. La identificación rápida y justa de las palabras se correlaciona positivamente con la comprensión de la lectura. El desarrollo de la comprensión también viene facilitado por la adquisición de estratégicas. Por ejemplo, los buenos lectores leen poco a poco cuando necesitan profundizar en el material, pero deprisa cuando sólo les hace falta un conocimiento aproximado. Esta habilidad se desarrolla sorprendentemente tarde. Los niños de diez años, aunque ellos lo digan, leen todo el material a la misma velocidad. En cambio, a los catorce ya no lo hacen así.....
La lectura frecuente es la mejor forma de hacer nuestro el lenguaje y sus creaciones. Es el gran instrumento, el instrumento obvio. La riqueza léxica, la argumentación, la explicación, la expresión de los propios sentimientos, la comprensión de los sentimientos de los otros, la libertad de pensamiento, todo junto se adquiere a través de la lectura.  … ¿porqué hemos de hacer nuestro el lenguaje?
Porque nuestra inteligencia es lingüística
Porque el fondo de nuestra cultura es lingüística
Porque nuestra convivencia es lingüística
Sin la ayuda del lenguaje somos estúpidos, inarticulados, toscos e insociables. Todo junto, son posibilidades – o más bien, imposibilidades- tristes."


El libro está disponible en la biblioteca de Gandia.

Azahar - Orange blossom

Es una pena que internet todavía no pueda enviar perfumes...
Vivo en una zona rodeada de naranjos, y ésta es la época en la que florecen. Es imposble describir el perfume que nos invade ... Cuando sales de casa, el aroma de los naranjos te embarga  hasta dejarte casi inconsciente.
Tal vez no nos podamos ir a Japón para vivir el Hanami, pero tal vez no nos haga falta:
Flor de naranjo - Orange tree
Almendro en flor - Almond tree

La bicicleta



Leo en “Cuando los niños dicen basta¡”, de Francesco Tonucci (p. 125), disponible en la Biblioteca de Gandia:

"Quien administra la ciudad debería insistir en las prioridades que hoy probablemente guían  la vida de los ciudadanos: tiempo, comodidad, seguridad y salud. .. La  bicicleta, pues se considera el verdadero vehículo urbano del futuro y no un nostálgico y arcaico recuerdo del pasado.... Si los habitantes de las ciudades pudiese ir en bicicleta a trabajar, a hacer la compra, al colegio o a jugar, sin poner en peligro la vida cada día y sin tener que respirar el gas de los tubos de escape de los coches, muchos elegirían aquel medio. “Si muchos van en bicicleta no hacen falta los carriles especiales para bici”

Es una pena que Gandia, que iba a ser una ciudad pionera en el uso de la bicicleta, gracias al programa "La Bici", haya perdido este tren... aunque parece que lo recuperaremos. A mí me encanta ir en bici a todas partes, e intento inculcar esta costumbre a mis hijos. Para mí la bicicleta es símbolo de libertad, de independencia. Con "La Bici" parece que el uso de este transporte se va normalizando, no sé, yo veo más bicis en la calle... ¿y vosotros?



Vivir la calle



Leído en “Cuando los niños dicen basta¡”, de Francesco Tonucci (p. 99), disponible en la Biblioteca de Gandia:

"Hay que ayudar a los niños a salir solos de casa, hay que ayudar a los padres ano tener miedo a hacer que los niños salgan solos de casa, hay que ayudar a las ciudades a que vuelvan a habituarse a que los niños estén en la calle. Los niños son realmente poderoso indicadores ambientales: si están visibles, presentes, en movimiento en los espacios públicos, indican un ambiente sano, agradable y seguro....

Antes, hace pocas décadas, la entrada de la mayor parte de las casas de la ciudad daba a la calle, a la calle daban las ventanas del primer piso, y las casas eran bajas, de dos otres pisos. Las personas pasaban el tiempo asomadas a las ventanas para observar los coches, a los paseantes o para charlar con los vecinos de enfrente. Se salía de casa para entrar en las casas vecinas, para pedir algo, para contar cosas propias y para conocer a otros.. En las noches de verano, mientras los niños podían jugar también después de la cena, los adultos llevaban fuera las sillas y esperaban la oscuridad conversando. En este tejido social, los niños vivían con suficiente libertad controlados por lo que se llamaba “vecindario".

Por suerte, en muchas partes de España aún conservamos estas costumbres, y aquí, en La Safor, también podemos ver en las noches de verano a la gente sacando sus sillas a la calle.. todo un plaver que no deberíamos dejar perder.

La creatividad se aprende

...... igual que se aprende a leer

Transcribo el post de "de ideas geniales a ideas reales", que suscribo totalmente:
Un día visitando un cole vi a una niña de seis años concentradísima dibujando. Le pregunté: “¿Qué dibujas?”. Y me contestó: “La cara de Dios”.
¡. ..!
“Nadie sabe cómo es”, observé. “Mejor - dijo ella sin dejar de dibujar-,ahora lo sabrán”.
Todo niño es un artista.
Porque todo niño cree ciegamente en su propio talento. La razón es que no tienen ningún miedo a equivocarse… Hasta que el sistema les va enseñando poco a poco que el error existe y que deben avergonzarse de él.
Los niños también se equivocan.
Si compara el dibujo de esa niña con la Capilla Sixtina, desde luego que sí, pero si la deja dibujar a Dios a su manera, esa niña seguirá intentándolo. El único error en un colegio es penalizar el riesgo creativo.
Los exámenes hacen exactamente eso.
No estoy en contra de los exámenes, pero sí de convertirlos en el centro del sistema educativo y a las notas en su única finalidad. La niña que dibujaba nos dio una lección: si no estás preparado para equivocarte, nunca acertarás, sólo copiarás. No serás original.
¿Se puede medir la inteligencia?
La pregunta no es cuánta inteligencia, sino qué clase de inteligencia tienes. La educación debería ayudarnos a todos a encontrar la nuestra y no limitarse a encauzarnos hacia el mismo tipo de talento.
¿Cuál es ese tipo de talento?
Nuestro sistema educativo fue concebido para satisfacer las necesidades de la industrialización: talento sólo para ser mano de obra disciplinada con preparación técnica jerarquizada en distintos grados y funcionarios para servir al Estado moderno.
La mano de obra aún es necesaria.
¡Pero la industrialización ya no existe! Estamos en otro modo de producción con otros requerimientos, otras jerarquías. Ya no necesitamos millones de obreros y técnicos con idénticas aptitudes, pero nuestro sistema los sigue formando. Así aumenta el paro.
Pero se nos repite: ¡innovación!
La piden los mismos que la penalizan en sus organizaciones, universidades y colegios. Hemos estigmatizado el riesgo y el error y, en cambio, incentivamos la pasividad, el conformismo y la repetición
No hay nada más pasivo que una clase.
¿Es usted profesor, verdad? Las clases son pasivas porque los incentivos para estar calladito y tomar apuntes que repetirá son mayores que los de arriesgarse a participar y tal vez meter la pata. Así que, tras 20 años de educación en cinco niveles que consisten en formarnos para unas fábricas y oficinas que ya no existen, nadie es innovador.
¿Cuáles son las consecuencias?
Que la mayoría de los ciudadanos malgastan su vida haciendo cosas que no les interesan realmente, pero que creen que deben hacer para ser productivos y aceptados. Sólo una pequeña minoría es feliz con su trabajo, y suelen ser quienes desafiaron la imposición de mediocridad del sistema.
Tipos con suerte…
Son quienes se negaron a asumir el gran error anticreativo: creer que sólo unos pocos superdotados tienen talento.
“Sé humilde: acepta que no te tocó”.
¡Falso! ¡Todos somos superdotados en algo! Se trata de descubrir en qué. Esa debería ser la principal función de la educación. Hoy, en cambio, está enfocada a clonar estudiantes. Y debería hacer lo contrario: descubrir qué es único en cada uno de ellos.
¿La creatividad no viene en los genes?
Es puro método. Se aprende a ser creativo como se aprende a leer. Se puede aprender creatividad incluso después de que el sistema nos la haya hecho desaprender.
Por ejemplo…
Soy de Liverpool y conozco el instituto donde recibieron clases de música mi amigo sir Paul McCartney y George Harrison… ¡Dios mío! ¡Ese profesor de música tenía en su clase al 50 por ciento de los Beatles!
Y…
Nada. Absolutamente nada. McCartney me ha explicado que el tipo les ponía un disco de música clásica y se iba a fumar al pasillo.
A pesar del colegio, fueron genios.
A Elvis Presley no lo admitieron en el club de canto de su cole porque “desafinaba”. A mí, en cambio, un poliomielítico, me admitieron en el consejo del Royal Ballet…
Ahí, sir, acertaron de pleno.
Allí conocí a alguien que había sido un fracaso escolar de ocho años. Incapaz de estar sentada oyendo una explicación.
¿Una niña hiperactiva?
Aún no se había inventado eso, pero ya se habían inventado los psicólogos, así que la llevaron a uno. Y era bueno: habló con ella a solas cinco minutos; le dejó la radio puesta y fue a buscar a la madre a la sala de espera; juntos espiaron lo que hacía la niña sola en el despacho y… ¡estaba bailando!
Pensando con los pies.
Es lo que le dijo el psicólogo a la madre y así empezó una carrera que llevó a esa niña, Gillian Lynne, al Royal Ballet; a fundar su compañía y a crear la coreografía de Cats o El fantasma de la ópera con Lloyd Webber.
Si hubiera hecho caso a sus notas, hoy sería una frustrada.
Sería cualquier cosa, pero mediocre. La educación debe enfocarse a que encontremos nuestro elemento: la zona donde convergen nuestras capacidades y deseos con la realidad. Cuando la alcanzas, la música del universo resuena en ti, una sensación a la que todos estamos llamados.

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Jugar como antes



A veces nos complicamos la vida con los juguetes para nuestros hijos, cuando realmente, con lo que más disfrutan es con los sencillos juegos de siempre. Uno de los juguetes que más han utilizado (y aún utilizan) mis hijos, son las tradicionales maderitas de colores. Sirven para todo: desde un zoológico a una cárcel, de una granja a una pista de fórmula 1…. la lista es tan larga como la imaginación de los niños.




En muchos pueblos, para las fiestas, ya se pueden encontrar grupos de animación que animan a los niños con jugos tradicionales, y en los colegios, el tradicional Sambori convive con las pistas de futbol o baloncesto. Si me gustan este tipo de juegos, no es por nostalgia, sino porque a lo largo de estos años, he podido comprobar en primera persona que funcionan, atraen a toda clase de niños, fomentan el trabajo en equipo o la sana competición y nos demuestran que no hacen falta grandes parafernalias para entretenerse.


Reclamo


Gandia, Gran Ciudad, más de 75.000 habitantes, moderna, cosmopolita, y aún podemos encontrar, callejeando por el antiguo barrio del raval, con casas donde te venden las naranjas de sus propios huertos. Un placer.