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Cortina tintada

Hacía tiempo que quería mejorar este rincón. Mi marido lo usa de "almacén", y esa acumulación de cosas en un rincón de casa se reproduce en mi cerebro.
Dice una de las normas del Feng-Shui para distribuir la casa, que psicológicamente no es bueno acumular objetos innecesarios.
No sé vosotros, pero yo me siento liberada cuando consigo tirar cosas que hacía AÑOS que no se usaban. Me siento más ligera, mejor...
después de darle muchas vueltas, mi marido dijo: Ya que sabes coser, ¿porqué no haces una cortina?-
Idea: una cortina con un tinte o adorno que combine con la entrada. ¿porqué obsesionarme con lo de siempre, puertas u otras soluciones caras y tradicionales? ¡Hay que romper con los convencionalismos, y atrevernos con cosas nuevas¡
Y aquí está: un retal de algodón, un sobre de tinte azul, un poco de costura, otro poco de tiempo y ...tachán¡
Me inspiré en esta idea de Kireei.

Cojin de patchwork

¿Os acordáis de la manta de patchwork? pues me sobraron unos retales, y como mi mente no para un minuto, en cuanto vi este cojín en la revista Burda, se me ocurrió que tenía que hacerlo.
Así que, preparé un patrón acomodándolo a los restos que tenía (los "gajos" no podían medir más de 47 cm de largo, ya que era la media de los restos de tela), y dividí el círculo en 30 piezas, más hubiese complicado mucho el trabajo ya que la parte estrecha del "gajo" hubiese sido muy fina, y al tratarse de telas de tapicería (no de algodón) hubiese sido muy complicado coserlas, además el ancho era de 6,7 cm, que haría que se vieran bien.
La parte de debajo la hice en dos trozos que se superponen, ya que hacerlo en una única pieza hubiese supuesto tener que coser la trasera y delantera a mano, y con tela de tapicería esto es muy duro. Después le di puntadas en cinco sitios para que no se abriera.
Y por último el botón: mi marido cortó un trozo de tablero fino y le hizo dos agujeros. Yo los forré con guata y la misma tela que debajo, habiendo pasado previamente un hilo bien gordo por los agujeros, a modo de botón, para pasarlos de parte a parte por el relleno y presionar en el centro.
¿A que queda bonito?
Cojín patchwork

Cojín patchwork
Cojín patchwork

Amigote - de Lotta Jansdotter

Fue un flechazo.
Cuando lo vi en su libro, me encanto. Pensé para mí: este muñeco lo tengo que hacer yo. ¡Lástima que mis hijos ya me han pillado mayores¡ pero por suerte, mi sobrina Ilana salió al rescate, ofreciéndome la excusa perfecta.
Y aquí está. Utilicé una tela de franela porque a) es muy suavecita, y b) me vino de perlas para rellenar el muñeco, ya que el cuerpo lo había preparado previamente y sólo tuve que introducirlo dentro de la "funda" (el muñeco con las piernas y brazos ya cosidos). La franela es un poco elástica, y resultó sencillo el "embutido"..
Las instrucciones, en el libro "Coser para los niños es fácil", de Lotta Jansdotter. Disponible en la biblioteca de Gandia

La creatividad se aprende

...... igual que se aprende a leer

Transcribo el post de "de ideas geniales a ideas reales", que suscribo totalmente:
Un día visitando un cole vi a una niña de seis años concentradísima dibujando. Le pregunté: “¿Qué dibujas?”. Y me contestó: “La cara de Dios”.
¡. ..!
“Nadie sabe cómo es”, observé. “Mejor - dijo ella sin dejar de dibujar-,ahora lo sabrán”.
Todo niño es un artista.
Porque todo niño cree ciegamente en su propio talento. La razón es que no tienen ningún miedo a equivocarse… Hasta que el sistema les va enseñando poco a poco que el error existe y que deben avergonzarse de él.
Los niños también se equivocan.
Si compara el dibujo de esa niña con la Capilla Sixtina, desde luego que sí, pero si la deja dibujar a Dios a su manera, esa niña seguirá intentándolo. El único error en un colegio es penalizar el riesgo creativo.
Los exámenes hacen exactamente eso.
No estoy en contra de los exámenes, pero sí de convertirlos en el centro del sistema educativo y a las notas en su única finalidad. La niña que dibujaba nos dio una lección: si no estás preparado para equivocarte, nunca acertarás, sólo copiarás. No serás original.
¿Se puede medir la inteligencia?
La pregunta no es cuánta inteligencia, sino qué clase de inteligencia tienes. La educación debería ayudarnos a todos a encontrar la nuestra y no limitarse a encauzarnos hacia el mismo tipo de talento.
¿Cuál es ese tipo de talento?
Nuestro sistema educativo fue concebido para satisfacer las necesidades de la industrialización: talento sólo para ser mano de obra disciplinada con preparación técnica jerarquizada en distintos grados y funcionarios para servir al Estado moderno.
La mano de obra aún es necesaria.
¡Pero la industrialización ya no existe! Estamos en otro modo de producción con otros requerimientos, otras jerarquías. Ya no necesitamos millones de obreros y técnicos con idénticas aptitudes, pero nuestro sistema los sigue formando. Así aumenta el paro.
Pero se nos repite: ¡innovación!
La piden los mismos que la penalizan en sus organizaciones, universidades y colegios. Hemos estigmatizado el riesgo y el error y, en cambio, incentivamos la pasividad, el conformismo y la repetición
No hay nada más pasivo que una clase.
¿Es usted profesor, verdad? Las clases son pasivas porque los incentivos para estar calladito y tomar apuntes que repetirá son mayores que los de arriesgarse a participar y tal vez meter la pata. Así que, tras 20 años de educación en cinco niveles que consisten en formarnos para unas fábricas y oficinas que ya no existen, nadie es innovador.
¿Cuáles son las consecuencias?
Que la mayoría de los ciudadanos malgastan su vida haciendo cosas que no les interesan realmente, pero que creen que deben hacer para ser productivos y aceptados. Sólo una pequeña minoría es feliz con su trabajo, y suelen ser quienes desafiaron la imposición de mediocridad del sistema.
Tipos con suerte…
Son quienes se negaron a asumir el gran error anticreativo: creer que sólo unos pocos superdotados tienen talento.
“Sé humilde: acepta que no te tocó”.
¡Falso! ¡Todos somos superdotados en algo! Se trata de descubrir en qué. Esa debería ser la principal función de la educación. Hoy, en cambio, está enfocada a clonar estudiantes. Y debería hacer lo contrario: descubrir qué es único en cada uno de ellos.
¿La creatividad no viene en los genes?
Es puro método. Se aprende a ser creativo como se aprende a leer. Se puede aprender creatividad incluso después de que el sistema nos la haya hecho desaprender.
Por ejemplo…
Soy de Liverpool y conozco el instituto donde recibieron clases de música mi amigo sir Paul McCartney y George Harrison… ¡Dios mío! ¡Ese profesor de música tenía en su clase al 50 por ciento de los Beatles!
Y…
Nada. Absolutamente nada. McCartney me ha explicado que el tipo les ponía un disco de música clásica y se iba a fumar al pasillo.
A pesar del colegio, fueron genios.
A Elvis Presley no lo admitieron en el club de canto de su cole porque “desafinaba”. A mí, en cambio, un poliomielítico, me admitieron en el consejo del Royal Ballet…
Ahí, sir, acertaron de pleno.
Allí conocí a alguien que había sido un fracaso escolar de ocho años. Incapaz de estar sentada oyendo una explicación.
¿Una niña hiperactiva?
Aún no se había inventado eso, pero ya se habían inventado los psicólogos, así que la llevaron a uno. Y era bueno: habló con ella a solas cinco minutos; le dejó la radio puesta y fue a buscar a la madre a la sala de espera; juntos espiaron lo que hacía la niña sola en el despacho y… ¡estaba bailando!
Pensando con los pies.
Es lo que le dijo el psicólogo a la madre y así empezó una carrera que llevó a esa niña, Gillian Lynne, al Royal Ballet; a fundar su compañía y a crear la coreografía de Cats o El fantasma de la ópera con Lloyd Webber.
Si hubiera hecho caso a sus notas, hoy sería una frustrada.
Sería cualquier cosa, pero mediocre. La educación debe enfocarse a que encontremos nuestro elemento: la zona donde convergen nuestras capacidades y deseos con la realidad. Cuando la alcanzas, la música del universo resuena en ti, una sensación a la que todos estamos llamados.

Leer más: la creatividad se aprende




Urban Art o Graffitis made in Gandia

Hay muchas formas de arte.Y los graffitis son otra de ellas. Algunos se dedican a emborronar mibiliario urbano, o bonitos edificios. Esto no me parece correcto. Sin embargo, algunos propietarios han tenido la buena idea de poner a disposicion de los artistas sus muros de bloques en forma de lienzo para sus creaciones.

La asociación Pixaví de Gandia, celebró su encuentro de 2013 el pasado 26 de Enero, y éstas son algunas de las fantásticas creaciones:
Created with flickr slideshow.

Patchwork

Me encantan los trabajos manuales. Y últimamente me interesan los trabajos con textiles, pero eso sí, que tengan una utilidad. Aunque hay tapetes de ganchillo espectaculares, soy incapaz de llenar mi sofá o mesa con ellos. Ultimamente hay un revival del patchwork, y si bien pudieron verse trabajos impresionantes en el encuentro de Gandia, yo me he inspirado en estos que aparecen en la revista Habitania de Enero de 2004.


Me interesaba hacerlo con telas de tapicería, y con retales de verdad (como debe ser). Hoy día es difícil, ya que casi nadie cose en casa, por tanto, no tenemos retales. Así que me acerqué a mi tapicero de confianza, quien, por el módico precio de 10€ (me sentí como si estuviera robando una piruleta a un niño), me “vendió” unos cuantos restos de tapicería, algunos, muy buenos. Con ellos (he reservado algunos para un cojín) he hecho esta colcha de patchwork:

 ¿Os gusta?
 

Las estaciones

Del libro “Infancia Natural” de John B. Thomson, Cap. 17: Compartir la naturaleza con los niños (disponible en la Biblioteca de Gandia):

“El mundo está sometido a los ritmos propios de la naturaleza, que es sumamente sabia. El repetido ciclo de la salida y puesta del sol se refleja en el ritmo de la aparición de los brotes, de la floración, de la maduración de los frutos y la putrefacción….Si decoramos la mesa en consonancia con la estación del año, el niño se dará cuenta de los cambios que se realizan en la naturaleza de una estación a otra.”

A mí, particularmente, me encanta el cambio de las estaciones. Me gusta cuando empieza el invierno y cuando acaba el verano… sentir el cambio del clima, del aire, cambiar la ropa…. Me moriría en el trópico, donde siempre hace la misma temperatura.
Como me resultaba incómodo mostrar el cambio de las estaciones en una mesa, monté un “árbol de las estaciones”, donde voy cambiando la decoración con cada estación. Para el árbol escogí una rama bonita de unas de mis excursiones, una (horrible) maceta de plástico, pintura blanca y unas piedras del río. ¡Tachán¡ Para el otoño me inspiré en este tutorial de Two shades of Pink, para el invierno en el de Caterina Perez para Kireei , y para el de primavera en el de Mokkasin. Soy poco original, lo reconozco. Pero, ¿A que han quedado bien?. Me falta el verano… ¿alguna idea?